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I.   DEBATES

4.
Balance de las reformas de las economías latinoamericanas: Chile, más allá de la pujanza relativa y de las desigualdades de toda la vida

Stella Srdic

Balance de las reformas de las economías latinoamericanas: Chile, más allá de la pujanza relativa y de las desigualdades de toda la vida

A diferencia de otros países de América Latina, Chile goza de simpatía y buena imagen tanto en Europa como en Estados Unidos. Desde hace algo más de una década, este país se ha posicionado como un ejemplo de superación económica, aunque aún están pendientes innumerables cuitas referentes a una sólida y duradera reconciliación entre los ciudadanos simpatizantes de Pinochet (los pinochetistas), los que han hecho de Salvador Allende y de su dramático final su bandera, y los que desean consolidar un sistema socialdemócrata a la europea. Los primeros, encantados por la medicina liberal recetada por el Nobel Milton Friedman, a solicitud del mismísimo Augusto Pinochet, los segundos, renuentes a resignarse a vivir en un país en el que cada vez se agrandan las de por si enormes desigualdades, y los terceros, los socialdemócratas a la europea, como la actual presidenta, Michelle Bachelet, quien no duda en hacerse fotos con George W. Bush, aunque sus convicciones más hondas linden con el ideal de un Estado del bienestar más generoso (si bien es consciente que, de momento, esto es más una intención que una posibilidad alcanzable en el corto plazo).

Libro: La industria de los combustibles líquidos, el caso de Chile
Libro: The Political Economy of Protection: Theory and the Chilean Experience
Libro: Victims of the Chilean Miracle: Workers and Neoliberalism in the Pinochet Era, 1973-2002
Libro: Economic Reforms in Chile

Los ciudadanos de sentimiento progresista se lamentan de que el “modelo” de globalización a la chilena se ha preocupado de dirigir sus esfuerzos a formar parte de la economía global, cuando en realidad el país tiene serias cuentas pendientes. Señalan que no puede ser bueno jugar a ser “candil de la calle y oscuridad de su casa”. Por el otro lado, los partidarios de Pinochet, francamente más liberales en materia económica, pero desafortunada, inverosímil y rabiosamente conservadores, señalan que el precio pagado por el incremento de las desigualdades bien ha valido la pena. Y, asimismo, los socialdemócratas a la europea no dudan en aprovechar las oportunidades que brindan los mercados internacionales, pero al mismo tiempo se lamentan porque no todos los chilenos están invitados al “banquete”.

En este debate, los tres grandes frentes tienen su parte de razón. Está claro que los nada simpáticos pinochetistas (lo digo por su lado más oscuro y conservador), cuando menos en materia económica, tienen una mayor parte de razón. Como constancia de ello está el ineludible hecho de que Chile, un país tan poco poblado (con algo menos de 17 millones de habitantes), es la sexta economía de la región. En la actualidad el valor nominal del PIB chileno está en torno a los 146.000 millones de dólares y el PIB per cápita cerca de los 13.000 dólares estadounidenses. Estas cifras, bastante modestas si se las compara con las españolas, las francesas o las alemanas, en realidad son muy atractivas, cuanto más si identificamos que el PIB per cápita nominal es el más elevado de la región. Estos indicadores se ven fortalecidos en un escenario de inflación controlada del 8% en 2007 y una tasa de desempleo del 7,1%.

En este contexto, los libros que he seleccionado me parecen muy útiles para tener una adecuada aproximación al camino económico andado por este país en los últimos años. Todos ellos son muy distintos entre sí, y por eso mismo permiten visualizar enfoques independientes, que en todo caso pueden ser complementarios. El elemento común entre ellos es que demandan muy limitados conocimientos técnicos, de modo que bien pueden ser comprendidos por el gran público. En realidad, son libros de consulta cuya función es la de ser material de referencia tanto para economistas formados como para interesados en la economía chilena, si bien conciertos conocimientos de teoría económica. En suma, estos libros serán de gran utilidad si el interés es el de conocer “a vuelo de pájaro” la evolución histórica de la economía de este país en las últimas décadas, en especial, en torno a los últimos veinte años.

El primer libro, La industria de los combustibles líquidos, el caso de Chile, coordinado por Arellano y Valdéz, se da a la tarea de señalar el proceso de transición que han experimentado los sectores productivos chilenos hacia una diversificación de las exportaciones. Hasta finales de la década de los ochenta, las exportaciones de Chile eran, fundamentalmente, cobre (en los últimos treinta años ha sido el líder mundial). Pero el rápido crecimiento registrado a lo largo de los noventa (en torno al 7% anual) y la década actual (cerca del 5% anual) estuvo sustentado en un manejo austero de las finanzas públicas y, en especial, en la diversificación de las exportaciones. Fue en este contexto en el que las empresas petroquímicas chilenas establecieron alianzas con empresas internacionales y se dispusieron a tener una mayor presencia en los mercados mundiales.

De izquierda a derecha: Calle de Valparaiso, Sede del Gobierno, Estación de ferrocarril

Este libro explica el proceso fraguado por la industria en el afán fundamental de explotar los recursos naturales chilenos, pero en particular de garantizar el abasto de gas natural y gas licuado en este país. Cabe señalar que la economía de Chile es altamente dependiente del gas argentino. De hecho, en el último lustro este país ha sufrido desabasto y cortes en el suministro de gas proveniente de Argentina. En la segunda mitad de la década de los noventa, diversas empresas petroquímicas y gaseras chilenas dirigieron sus esfuerzos hacia el aterrizaje en suelo peruano y, en mayor medida, boliviano. El camino andado, sin embargo, no fue fácil, en especial porque cuando estas empresas llegaron a Perú y Bolivia los recursos explotables ya estaban en manos de empresas de terceros países, tales como la hispano-argentina Repsol YPF y la británico-holandesa Shell, entre otras. Dado este escenario, es fácil comprender por qué el libro pone el énfasis en que Chile, al igual que ha diversificado su comercio, debe diversificar sus fuentes de suministro energético. Las dos principales alternativas son: la primera, importar gas de los países asiáticos, fundamentalmente de India, y la segunda, apostar decididamente por el desarrollo de la energía nuclear.

Michelle Bachelet (Presidenta de Chile)

El segundo libro, The Political Economy of Protection: Theory and the Chilean Experience, fue escrito por Daniel Lederman en su calidad de economista jefe de la Oficina para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, de modo que, como es natural, se da por sentado que tuvo acceso a una vasta información y experiencia para escribirlo. El trabajo se da a la tarea de explicar (con lujo de detalle, hay que decirlo) el proceso que atravesó la economía de Chile en su afán de apertura económica y de penetración en los mercados internacionales. Para el efecto, Lerderman hace acopio de la teoría económica, pero también de la ciencia política y de la sociología para explicar cómo ha sido posible que en la actualidad este país exporte un 45% de productos industriales, otro 45% de productos mineros y el restante 10% de productos agrícolas. Sólo las ventas de cobre constituyen el 35% del total, de modo que las oscilaciones en los precios de este metal en los mercados internacionales impactan muy poderosamente en el diseño de la política económica nacional.

En materia agrícola, Chile exporta flores, harina de pescado, pescado fresco, productos hortofrutícolas (como el vino) y lácteos. El libro argumenta que, si la tendencia se mantiene, es esperable que para finales de la presente década esta economía sea una de las diez exportadoras de alimentos del mundo. Este dinamismo comercial se ha visto especialmente favorecido gracias a los diversos tratados de libre comercio firmados por este país, entre los que destacan el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (entre Canadá, Estados Unidos y México), el firmado con la Unión Europea, con Corea del Sur y con China. Como resultado de todo este acelerado intercambio económico, en el 2004 las exportaciones alcanzaron los 64.368 millones de dólares, mientras que las importaciones ascendieron a sólo 39.682 millones de dólares. Estas cifras, insistimos, no son nada desdeñables, en especial si tomamos en cuenta la reducida población de este país.

Sobre estas líneas de izquierda a derecha los autores: María Soledad Arellano, Daniel Lederman, Peter Winn y Ricardo Ffrench-Davis

El tercer y el cuarto libros, el de Peter Winn y el del ilustre Ricardo Ffrench-Davis, en realidad son un buen revulsivo para todos aquellos que se sienten tentados a creer que todo ha sido “miel sobre hojuelas” en la historia económica chilena. Tanto Victims of the Chilean Miracle: Workers and Neoliberalism in the Pinochet Era, 1973-2002, como Economic Reforms in Chile, ponen el acento en torno a que el coste social que ha pagado el éxito experimentado por la economía en modo alguno ha sido barato.

De izquierda a derecha: vistas del centro urbano y del barrio de Yungayya en Santiago de Chile y observatorio en el Cerro Tololo
Cuernos del Paine, los Andes, Chile

Por una parte, ambos libros explican que el crecimiento económico ha conducido a que Chile fuese el primer país de América Latina en cumplir las señeras metas del milenio en cuanto a la reducción de la pobreza, pero ello no ha sido suficiente para reducir las inmensas desigualdades que prevalecen y, de hecho, todo lo contrario, porque no han hecho más que agrandarse en los últimos quince años, como ha quedado demostrado en el último Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, en el cual Chile ocupa el puesto 113 de la lista de países por igualdad del ingreso. Este indicador es un fuerte varapalo para los que daban por ganada la guerra contra la pobreza, y no hace sino constatar que aún queda un largo camino por recorrer.

Ffrench–Davis, fiel a sus tesis tradicionales, argumenta que las autoridades económicas de Chile, como las de el resto de los países de América Latina mejor posicionados, como Brasil y México, deben establecer unos más rigurosos controles de entrada de los capitales extranjeros, debido a que han sido éstos los principales culpables de los desequilibrios monetarios experimentados a lo largo de la década de los noventa.